Fantasmas del pasado

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Fantasmas del pasado

Mensaje por Kyra Stark el Vie Nov 04, 2016 1:58 pm

Año 320/ Quinto mes de primavera/ día 26
Por la tarde


Lyanna Mormont

Me encontraba en la sala de ejercicios que servía para adiestramiento de armas cuando el clima no permitía hacerlo en el exterior. La primavera aún se dejaba sentir con fuertes vientos fríos, pero en general el clima daba muestra de querer seguir su curso y convertirse en verano. Era una tarde como pocas. Inauditamente, no habían audiencias, ni peticionarios o quejosos. Así que decidí trasladar todo el papeleo a la solitaria y mesa de palofierro que ocupaba un espacio de la amplia estancia, mientras seguía atentamente el entrenamiento que Ser Quentyn Cole les daba a mi hijo y a sus primos, hijos de Serena. Cole les había enseñado a manejar la espada; si bien Jorah, sumamente entusiasmado porque en el manejo de la espada bastarda había demostrado tener habilidad, empezaba a mostrarse engreído. Decidí darle una lección de humildad y le pedí a Quentyn que la lección fuese más ruda. Ambos tomaron sus espadas, azotando el aire. Jorah alzó la suya fintando rápidamente hacia Cole, quien siguió su acción, volviéndose en el último momento, dejando que la hoja rozara su pecho.


-Excelente velocidad - dijo. -Pero te has abierto completamente para ser ensartado con un golpe a fondo -


Jorah retrocedió, irritado.


- Debería azotarte el trasero por tu imprudencia. ¡En manos de un enemigo, habrías muerto!- le reprochó. - Eres un alumno bien dotado, pero nunca permitas que el orgullo te domine. Siempre encontrarás un oponente más hábil o más fuerte. Esto no es un juego. No es una competencia. Puede significar la diferencia entre la vida o la muerte.- dijo.


- Creo que hoy no estoy de humor para esto - dijo Jorah.


-¿Humor?- La voz de Cole sonó ultrajada.- Uno combate cuando es necesario…¡no cuando está de humor!El humor es algo para el ganado, o para hacer el amor, o para tocar música. No para combatir.


- Lo siento, ser.-


- ¡No lo sientes lo suficiente!- Quentyn tomó de nuevo la espada y se puso en guardia. -Ahora, en guardia, ¡y lo digo en serio!-

Cole lanzó un finta a un lado, luego otra enfrente y se lanzó al ataque. Jorah retrocedió, pero dirigiendo su retirada hacia la mesa en donde nos encontrábamos el maestre Vorian y yo, con el legajo de papeles del día. Bajo una máscara de serenidad, yo observaba con ansiedad la práctica, conteniendo mi deseo de entrar en ella para ayudarlo. Si le protejo demasiado, nunca será lo suficientemente fuerte para alcanzar un destino, cualquier destino, pensé, conteniéndome a mí misma. Jorah paró otro golpe bajo, se ladeó y vió la espada de ser Quentyn estrellarse contra el piso. Fintó hacia un lado, lanzó a su vez un ataque con la espada y detuvo la hoja a dos centímetros de su yugular.

- ¿Era eso lo que quería, ser?- dijo, jadeante.

- Mira hacia abajo, muchacho.- Mi hijo obedeció y vió la espada de Cole apuntando directamente a su vientre. -Nos reuniríamos ambos en la muerte.-dijo -Pero definitivamente, combates un poco mejor cuando estás bajo presión. Ahora estás realmente de humor.-

Ser Quentyn me miró y yo asentí, de manera que siguieron la práctica, esta vez con mi hijo mostrando algo más de humildad a los consejos e instrucciones que su maestro de armas le daba. Era necesario un entrenamiento duro; antaño, cuando los hombres de la Isla se iban a pescar, a veces hasta por varios meses, sólo quedábamos las mujeres y los niños para defenderla de los continuos ataques de los Hijos del Hierro. Ciertamente, ésa era una costumbre que yo pensaba continuar.


En ese momento, un criado entró para entregarle a Vorian un pergamino, y se retiró rápidamente. Este lo leyó, e inmediatamente me lo entregó, diciendo: -Mi lady, ha llegado la invitación a la boda del rey Jehaerys III.-

De repente, me sentí arrastrada a un vórtice de decisiones que se dirigían a un único e inexorable resultado, sin poder poner resistencia. Palidecí y fue algo que notaron tanto Cole como Vorian. Ninguno de ellos sabía la razón. Reprimí un estremecimiento, pero mi cuerpo, como si tuviese voluntad propia, no se movía. El maestre, comprendiendo que algo extraordinario pasaba, le pidió a mi hijo y sus primos dejarnos solos.
-¿Mi lady? ¿Os encontráis bien?

Los pensamientos se me presentaban e rápida sucesión. Debía decidir YA. Pude encontrar mi voz después de un minuto, que se me antojó eterno:

-Maestre, enviad una carta a Escudo de Roble. Pedid a Tormund Matagigantes que nos encontremos en Invernalia.- esta vez, Lyanna Mormont necesitaría apoyo. -Y otra más, confirmando nuestra asistencia a Desembarco del Rey.-
Respiré profundamente, sentía que el aire no llegaba a mis pulmones. -Ser Quentyn, tengo entendido que no habéis conocido más tierras que este lugar. Preparad una escolta de seis hombres a quienes consideréis capaces, que vos comandaréis. Viajaremos mis hijos y yo, y los hombres del Pueblo Libre que acompañen a mi padre.-
Las órdenes tomaron un regusto amargo en mi boca. Sólo cuatro personas sabían mi secreto: Jon, Davos, Osha y mi padre. El temido cuervo portador de la invitación a la boda del rey sureño hizo resurgir todos mis temores. Pero Jehaerys III no sólo era el rey de los seis reinos, era el único hijo de un preciado amigo que ya no estaba entre nosotros. Yo debía ir.

Se lo debía a la memoria de Jon Nieve.

- Partiremos en dos días.- dije mientras me alejaba de la sala. Necesitaba aire fresco para pensar con mucha claridad. Llevaba mucho tiempo guardando la verdad. Y todas las cosas que suelen estar ocultas terminan saliendo a la luz.








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Kyra Stark

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