Sombras del ayer.

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Sombras del ayer.

Mensaje por leinad3196 el Vie Nov 04, 2016 9:09 am

Baelor Hightower


Bien pronto era aquella mañana, más el Sol aún no quería romper en estallidos de luz el cielo de Antigua. Sus aguas, reflejaban aún la noche tranquila más el brillo del Sol empezaba a turbar las orillas con su luz dando de nuevo vida a la ciudad. La ciudad despertaba. Los marineros preparaban sus aparejos, los comerciantes se hacinaban para montar sus puestos en el mercado, las prostitutas se refugiaban en callejones ante la luz del astro rey y los mendigos tenían suficiente con vivir un día más. Sus edificios, unos tras otros, formaban las calles de la ciudad más longeva de Poniente y desde todas ellas, alzando sin forzar sus trémulos cuellos se alzaba Torrealta. Allí entre sus muros gruesos como el interior de una montaña se defendía a los Highotwer, los señores del Faro más la sombras del ayer no dejan que el Sol ilumine sus estancias, sus jardines, sus vidas.
Unas figuras se movían entre sus largos pasillos, mientras aún las antorchas chiscaban las ultimas ascuas que hicieron brillar al principio de la noche, unas figuras con paso trémulo caminaban como almas en pena hacia rumbo desconocido. Finalmente el camino acabo como la vida misma, en la muerte, más no eran reos de una muerte anunciada sino valedores de los antiguos ancestros. Los Hightowers se presentaron ante la recámara de dos de sus miembros, dos sarcófagos de mármol engalanado y ornamentado con los motivos de su casa, sobre uno una espada rota y vieja, sombra del ayer que fue un gran soldado y buen vasallo, sobre el otro un ramo de rosas ya marchitas pero que antaño fueron jovenes y fuertes y un libro estropeado y usado más que su conocimiento fue bien estudiado, sombras del ayer de una vida joven e inteligente. En la estancia se encontraba en semipenumbra, las antorchas casi extinguiendose, y los Hightower en silencio ante su ancestros se encontraban.
Tres mujeres se encontraban a la derecha, las más jóvenes, de igual esbeltez, figura y edad consolaban a la tercera, más anciana con los cabellos canosos reflejo antiguo de la misma belleza de estas, las tres gimoteaban más no había un torrente de lágrimas en sus mejillas, lo que lloraron en su momento ya fue suficiente. A la izquierda de la estancia el senescal Macius, con una túnica grisácea su edad ya reflejaba sus años de estudios en la Ciudadela. Con los ojos cerrados rezaba junto a la figura central.
Baelor Highotwer de pie en el centro de la sala, al pie de los sarcófagos de sus hijos Ferdinand y Vincent se hallaba. Un semblante serio portaba, ninguna lágrima corría por sus mejillas, endurecidas por sus arrugas y cicatrices estaban más siguen contorneando una belleza que desde antiguo fue aclamada. Sus ojos cerrados, sus manos entrecruzadas, enmudecido totalmente.
-Dejadnos queridas, levantando una de sus manos ordenó la retirada de su esposa e hijas. El senescal sabiendo de su requerimiento se acercó a Baelor. -Eran como la noche y el día, rendirles culto al amanecer fue todo un acierto, además rendir culto a los difuntos siempre reconforta el alma, más mi lord vuestra alma aún no está tranquila, han pasado ya... -Demasiados, demasiados años, interrumpía el señor de la Torre.- Mi señor se que no está bien, pero deberíais aprender de Jarold, el es... -Jarold no está preparado, es joven y antepone sus actos antes que sus pensamientos, demasiado impulsivo, dijo esta vez con un tono más tajante.
El senescal, amigo de la infancia de Baelor no dejaba de preocuparse por su señor y compañero. Esta vez con un tono más amigable se dirigía al señor de la Torre. -Baelor sé que me pedirás que escriba la carta a los Tyrrell, como siempre en estas fechas me pides, más aprovechando la boda de su majestad os pido que seáis vos quien la escriba, sed más amables, sois un buen vasallo, a su vez con el nuevo monarca en el trono de hierro quizás sea más amigable y pueda este interferir entre ambos llegando a un acuerdo en el que todos estén de acuerdo. El viejo señor de Antigua, abriendo los ojos y saliendo de su trance coge de los hombros a su senescal y dice, -Seré viejo más siempre he reconocido un buen consejo, sobretodo si viene de un amigo.
En ese momento ese velo de tristeza que finalmente rompe la vieja amistad de señor y vasallo vuelve a tejerse con la interrupción de un soldado. - Mi señor, los guardias de la ciudad dicen que ha estallado una reyerta en uno de los mercados del este de la ciudad, esperamos ordenes. - Maldita sea, llamad a Ser Arnold y que un destacamento guarde Torrealta mientras otro apacigua la trifulca y que los responsables se presenten ante mi. Ordenaba con fiereza el señor de Antigua. Baelor se despedía de su amigo y acompañado de dos guardias se dirigía a su despacho para escribir la carta a su señor en Altojardín para señalar su asistencia a la boda, mientras, en Antigua con la llegada del mediodía la sangre burguesa se derramaba entre frutas y pescados en medio del mercado.
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